No es necesario creer que la santidad es una meta difícil: «Se puede ser santos porque nos ayuda el Señor »aseguró el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 21 de junio, en la plaza de San Pedro. Prosiguiendo sus catequesis sobre la esperanza, el Pontífice recordó todas las veces que la «innovación de los santos marca el camino de la vida cristiana». Comenzando por el bautismo, cuando antes de la unción con aceite de los catecúmenos se pide la intercesión: así, explicó, nos es «regalada esta compañía de hermanos y hermanas “mayores ” —los santos— que han pasado por nuestro camino, que han conocido nuestros mismos cansancios y viven para siempre en el abrazo de Dios».
Lo mismo sucede en el matrimonio, porque «quien ama verdaderamente tiene el deseo y el valor de decir “para siempre” pero sabe que tiene la necesidad de la gracia de Cristo y de la ayuda de los santos para poder vivir la vida matrimonial». Se trata, por tanto, de una elección absoluta y definitiva, que no es válida «hasta que dura el amor» sino que es «para siempre». De otra manera, aclaró el Papa, «es mejor que no te cases: o es para siempre o nada». «Somos polvo que aspira al cielo» comentó al respecto Francisco, invitando a rezar al Señor para que «done a todos nosotros la esperanza de ser santos». Esto, puntualizó, no requiere una vida de ascetismo sino que «significa que tú debes hacer tu deber todo el día: rezar, ir al trabajo, cuidar a los hijos», viviendo «con el corazón abierto hacia Dios».
Y «no pensemos que es una cosa difícil, que es más fácil ser delincuentes que santos» recomendó al concluir, reiterando: «Se puede ser santos porque nos ayuda el Señor».

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